domingo, 8 de noviembre de 2020

Por aquí os dejo la entrevista que me ha hecho Antonio Rodríguez y se ha publicado en El Día de Córdoba. En ella hablo del último libro que he escrito Cuando la humedad nos atraviesa (Ediciones En Huida, 2020), de cómo nace y se construye, de lo que está fuera y dentro y, sobre todo, qué es esa palabra que serpentea, aparece y desaparece llamada humedad; entre otras cuestiones que espero os interesen.

Quisiera agradecer a El Día de Córdoba y, especialmente, a Antonio Rodríguez por la entrevista y el buen rato compartido.

Espero que os adentre en el libro y disfrutéis.



https://www.eldiadecordoba.es/ocio/Entrevista-Salvador-Blanco-Luque-lector-activo_0_1517248593.html




viernes, 11 de septiembre de 2020

CUANDO LA HUMEDAD NOS ATRAVIESA

 

Comenzaré confesando que me ilusiona muchísimo mostraros la portada de mi nuevo libro: “Cuando la humedad nos atraviesa”, publicado por En Huida. Ha sido un libro inesperado. Las razones son varias, pero esperaré pacientemente a desvelarlas el día de la presentación, que se celebrará el viernes 25 de este mes, a las 20.00, en la maravillosa nueva sede de Actúacórdoba, acompañado por el gran Chico Sánchez. Ha sido un libro rápido e intenso —en tiempo de escritura—, aunque muy meditado, como una carrera de los cien metros lisos.
    Es un libro de microrrelatos (mayoritariamente); 73 para ser exactos. Una mujer gana el Guinness por haber leído todos los libros que el ser humano ha escrito. Un joven es encarcelado por contradecir a un profesor. Un escritor es testigo de un asesinato. Un mundo apocalíptico, una pandemia o una guerra. El último deseo de un percebeiro. Un ser monstruoso. Un pájaro de plata. El actor perfecto o un anciano que entierra su testamento antes de morir para que su familia lo busque. Microrrelatos sobre dictadores y dictaduras, sobre mitos y agujeros negros. Un libro sobre la humedad. Porque la humedad es aquello invisible que nos atraviesa y nos cambia, expandiéndose poco a poco o de forma súbita. La humedad es esa cantidad de algo suspendido en el ambiente que convive con nosotros, y nos roza y traspasa como si fuéramos aire, y con cada nueva caricia o puñalada, nos transforma irremediablemente. El libro es un viaje de ida y vuelta, un viaje al centro y a las afueras de nosotros mismos.

    La portada es un cuadro de mi querido amigo Joaquin Lalanne. Os dejo su rincón para que gocéis de su obra: Lalanne; no os cansaréis nunca de sus territorios. La portada funde varias cosas: pintura y literatura, dos artes que amo intensamente, y, la más importante, una amistad que ha cumplido diez años. Una amistad que arraigó allá en las cumbres lejanas de la Fundación Antonio Gala y creció con el tiempo, las conversaciones interminables y los viajes juntos. Pero de esto hablaré más adelante, como también lo haré de la editorial, la presentación y los artistas que me acompañarán. No se puede contar todo de golpe. Hay que dosificar, recrearse, dejar pasar, porque esto no es un microrrelato; los microrrelatos los encontraréis en el libro.



domingo, 10 de mayo de 2020

NO TODOS LOS POLÍTICOS SON IGUALES



Pertenezco a una de esas generaciones que saben perfectamente qué es una crisis económica y las consecuencias que reporta. Pertenezco a una de esas generaciones que saben cómo se han gestionado y gobernado esas crisis que tanta miseria, no solo económica y laboral, arrastraron. Que el Futuro, esa abstracción, tan próspero y cristalino para generaciones anteriores (desgraciadamente no son tantas), es una nube negra llena de agujas a la que nunca hemos sabido cómo acercarnos.
Esas crisis, a día de hoy, nos enseñaron muchos conceptos y palabrejas, algunos de ellos muy retorcidos: crisis bancaria, burbuja inmobiliaria, desempleo estructural, corrupción estructural, hacer más con menos, recortes sociales, troika y hombres de negro, apretarse el cinturón, disminución del crédito, reforma laboral, amnistía fiscal, déficit público y prima de riesgo, desahucios, pobreza infantil, los nuevos exiliados, demasiado cualificado, flexibilización laboral,  trabajadores pobres, deslocalización, neoliberalismo, 15M, etc.
         Y escribo esto porque quiero posicionarme en contra de ese mal endémico que circula por ahí y dice que todos los políticos son iguales, que da igual de donde vengan, qué partido o ideología o continente, país, región o barrio representen: todos son iguales. Pues no, para mí, no todos son iguales. Y esta situación nos muestra ejemplos casi a diario, que es muy importante no olvidar.
Nombraré a tres políticos que se han cruzado casualmente en el mismo día. Unos versos y tres nombres entrelazados por el azar. Anoche terminé la deliciosa serie “Devs”, una de las mejores series de ciencia ficción que he visto en mucho tiempo. En ella aparecen unos versos de Yeats que dicen: “Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores / están llenos de apasionada intensidad”.  Ayer supimos que la Directora General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid dimitió porque se negaba a apoyar que Madrid pasara a Fase 1 según la situación actual. Desistió, eligió marcharse. Todos sabemos la decisión y diferentes respuestas que ha dado la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, al respecto. Priorizar la economía a la salud. Podemos recubrir esta afirmación con palabras, engrasarlas como antaño, pero no dejarán de significar lo que significan. No, no todos los políticos son iguales. También supimos ayer, a través de la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que los Agentes Sociales de este país firmaron un acuerdo para apoyar tanto a trabajadores como a empresas durante esta terrible pandemia (de nuevo impensable en otras épocas).
         Último escalón temporal. Julio Anguita ha sido ingresado en el Hospital Reina Sofía por un problema cardíaco. Aquí seguro que hay gente que bizquea, se le cruzan las ideologías, los colores y creencias y ya me han etiquetado por esta correlación de nombres: Ayuso, Yolanda Díaz y Anguita. Y lo acompañarán con su legión de adjetivos acostumbrados. Pero repito: no todos los políticos son iguales porque esa reflexión es simplista, aburrida, porque es una afirmación perezosa de quien no quiere profundizar en la historia y recordar a todos aquellos políticos que lucharon (y luchan) por mejorar la sociedad. Quizá sea porque prefiero valorar a recriminar, no lo sé. Lo que sé es que los derechos y libertades, la sanidad y la educación públicas no cayeron del cielo, ni brotaron de la tierra por arte de magia.
La pandemia del Covid-19 nos ha enseñado muchas cosas, entre ellas qué significa tener una Sanidad Pública y las consecuencias de intentar hacer negocio con ella, y no quiero entrar en el tema del tejido industrial con su maravillosa flexibilización y deslocalización, o esa estrategia de sustentar un país bajo el paraguas del ladrillo, el turismo y el sector servicios.
         En estos tiempos que corren parece que hablar de ideología es algo trasnochado, casposo, penado. Quiero copiar aquí la definición exacta según la RAE: Ideología: “1. f. Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”
         Y me pregunto, ¿qué conjunto de ideas fundamentales me caracterizaban a mí, a mi país y a mi época antes de la pandemia? Y en mitad de esta crisis sanitaria, que tanto nos ha exigido y quitado, ¿han cambiado?, ¿qué conjunto de ideas fundamentales quiero que me caractericen a mí, a mi país y a mi época en el futuro? La respuesta a eso, lo quieran o no, es ideológica, porque son esas ideas las que construyen el ideal que tengo de la sociedad donde deseo vivir. Cada uno que decida cuáles son. Por mi parte, yo quiero un país que edifique sus cimientos sobre Lo Público; que el índice más importante donde mirar para saber si las cosas se hacen como queremos que se hagan sea el Índice de la Calidad de Vida y no solo el PIB o cualquier otra magnitud macroeconómica; que el mundo laboral no sea una selva donde exprimir beneficios y el trabajador cada vez pierda más derechos; donde la igualdad de resultados se imponga a la igualdad de oportunidades; quiero un país que potencie más la tecnología, las energías renovables, la investigación y la ciencia, el tejido industrial, favoreciendo a ciertas empresas y penalizando o por lo menos no apoyando a esas otras que hacen maniobras de escapismo en paraísos fiscales o se aprovechan de la miseria y la ausencia de derechos sociales y labores de otros países menos afortunados; un país que cuide su patrimonio histórico, que valore la cultura al nivel que merece; que proteja y coexista con el medio ambiente porque también son extremidades de su propia identidad; me gustaría un país edificado sobre la igualdad real entre hombres y mujeres, sobre el feminismo, también sobre el laicismo. Podría seguir expresando mis deseos, la proyección del país que me gustaría que mi hija habitara.
Todos estos deseos son ideológicos. Y cada partido los representa de una manera concreta, porque, ¿no es eso para lo que existen los partidos políticos, para llevar a cabo, para construir el país que sus deseos, QUE SU PROGRAMA (que diría Anguita), representan? Y quienes votan a unos u otros partidos se identifican y ayudan a edificar ese ideal de país que su programa y deseos representan.
No, no todos los políticos son iguales.

domingo, 26 de abril de 2020

42. PANDORA II



Se cuenta que un ejército de sombras robó la voz a todos los hombres y mujeres allá por los tiempos de los estados-nación y los líderes demagogos y corruptos. El silencio público prolongado durante generaciones atrofió sus cuerdas vocales y olvidaron el sonido de las palabras, porque cada cual sobrevivió como pudo y supo.
         Una tarde, una anciana descubrió un baúl de roble antiguo, en un rincón inaccesible del sótano donde guardaba las pocas pertenencias que conservaba de sus padres. Al abrirlo, solo encontró un libro. Después de leerlo una docena de veces, gracias al cariño con que su madre le enseñó de niña, supo lo que debía hacer. Aunque la lectura había sido relegada a la más pura intimidad silenciosa, como casi todo en aquella época oscura, la anciana se vistió con su mejor vestido, su sombrero más hermoso y, junto a su fiel jumento, famélico y añoso como ella, se lanzó a recorrer la ciudad leyendo aquel y otros libros en voz alta. Así fue cómo la palabra apareció de nuevo, y la Caballera de la Vetusta Figura, como se la conoció de ahí en adelante, recorrió el mundo deshaciendo al ejército de sombras y desentumeciendo mentes y cuerdas vocales solo con su voz.




***
Hoy, por fin, podré salir a la calle y pasear con mi hija, sentir que todo pasará y volveremos a reencontrarnos con las personas que amamos. Por lo tanto, llegó el final. Este será el último microrrelato que publique.  Seguiré con el libro, Cuando la humedad nos atraviesa, pero de otra manera, en silencio y en soledad, como siempre he escrito. Comencé esta aventura, como expliqué en el primer texto, hace cuarenta y dos días, como un regalo muy personal. Como una manera de aportar, la que puedo y considero mejor, en esta época tan difícil que nos ha tocado vivir. Pero también como un agradecimiento al Sistema Sanitario Público en general, y a todos los sanitarios que forman parte de él, porque no hay palabras que describan y expliquen todo lo que nos han dado y enseñado. 
     Os dejo el último microrrelato, con el cariño de todos los días, con el deseo de haberos acompañado, entretenido, estremecido, emocionado o regalado un minuto de abstracción de otro tiempo que más pronto que tarde pasará. Eso espero, porque vosotros sí lo habéis hecho conmigo. Con infinita gratitud.



 




sábado, 25 de abril de 2020

41. EL ACTOR PERFECTO




El actor, conocido como el Perfecto muchos años después, lo arriesgó todo por aquella película, etiquetada desde el inicio, por sus faraónicas pretensiones, como la Maldita. El actor alcanzó cumbres de interpretación que de ningún modo imaginó alcanzar. Su talento devoró el ingenuo arco de personaje que el guionista escribió para él, y más que un arco lo transformó en un auténtico universo.
         La película maldita, la película que muchos se jactaron de que nunca se vería en una pantalla, la película imposible de rodar, la película más compleja y divertida y dramática y emotiva jamás creada, solo podía ser protagonizada por alguien como él. Fue, sin lugar a dudas, tanto para el público como para la crítica, una vez concluida, épicamente, cuarenta años más tarde, con 480 horas de duración, la mejor actuación de todos los tiempos. La película conquistó cada festival al que se presentó, ganando cada premio al que optó. Él también.
         Unos días después de recibir el último premio, cuando todo hubo acabado, el actor perfecto descansó. Durmió treinta horas seguidas. Al despertarse, después de mear y desperezarse, se miró en el espejo del baño de su casa y se sobresaltó al descubrir a un hombre, arrugado y con el cabello ralo y canoso, atrapado en el interior del espejo, mirándolo con ojos de pánico.

viernes, 24 de abril de 2020

40. EN AQUEL BAR DE BARRIO DE TODA LA VIDA



Una mujer permaneció en silencio, en aquel bar de barrio de toda la vida, en una mesa apartada, durante más de veinte años, hasta que un día, otra mujer, algunos años mayor que ella, se acercó, la convidó a una cerveza, le regaló un libro y le recetó una pastilla de esperanza cada ocho horas.