jueves, 9 de diciembre de 2021

He tenido el placer de participar, recientemente, en dos proyectos muy interesantes con dos textos literarios.

El primero es un libro titulado IMÁGENES QUE CUENTAN. Proyecto organizado por la asociación Mucho Cuento y el colectivo fotográfico Enfoco, donde una veintena de escritoras y escritores se han inspirado en una fotografía artística de cada miembro del colectivo Enfoco para escribir un microrrelato. He publicado cerca de amigos queridos como Cecilia Silveira, Rosa Galisteo, Antonio Rodríguez, Chico Sánchez o Isabel Domínguez.

                               

El otro ha sido la publicación del relato "Solo bastó un gesto", que pertenece al libro de relatos CUANDO LA HUMEDAD NOS ATRAVIESA (En Huida, 2020), en la revista literaria YUKALI.

Podéis leer el relato aquí:  

https://yukalipaginaliteraria.com/2021/12/02/solo-basto-un-gesto-autor-salvador-blanco-luque/

Por último, agradecer tanto a Mucho Cuento como a Yukali su confianza. 

Disfrutad.

viernes, 29 de octubre de 2021

Aproximación a FRAGMENTOS DE UN LIBRO FUTURO, de José Ángel Valente


Si algo quiero decir en esta aproximación, si algo quiero matizar sobre este libro, el primer libro que se publicó después de la muerte de Valente, es que es un testamento poético, un conciso, contenido y comprimido testamento poético. 

    El yo poético se disuelve en la desnudez de la palabra y en la desmaterialización del tiempo y los cuerpos, mostrando los múltiples rostros y formas que tiene la muerte y el amor de acercarse y rondarnos.

    El vacío, la ausencia, la luz, esas huellas que pululan en el tiempo y la arena, el miedo y la desazón, el amor como columna vertebral, sentido y discurso. Todo guiado por una voz certera, desnuda, sin artificio, reducida a la mínima expresión para ahondar aún más en aquello que desea ahondar: el tiempo, la muerte, el amor, la pérdida.

    Y de la pérdida, desgraciadamente, sabía bastante. En junio de 1989, moría de sobredosis, a los 34 años, su hijo Antonio. Y de ese dolor, Valente escribió este poema:


Tú duermes en tu noche sumergido. Estás en paz. Yo araño las heladas paredes de tu ausencia, los muros no agrietados por el tiempo que no puede durar bajo tus párpados. Ceniza tú. Yo sangre. Leve hoja tu voz. Pétreo este canto. Tú ya no eres ni siquiera tú. Yo, tu vacío. Memoria yo de ti, tenue, lejano, que no podrás ya nunca recordarme.


Memoria de la pérdida, el dolor, el paso del tiempo, el deterioro corporal, lo que fuimos y ya no somos, lo que pensábamos que seríamos y no fuimos, la tristeza, la añoranza, la soledad, el cuerpo fatigado y el cansancio, la ruina corporal, las caricias del sol, el otoño con sus luces y sombras, los bordes, los límites, los senderos y los bosques, la luz oscura y la oscura luz, el salir y el entrar del cuerpo, del ser, las dudas, las dudas existenciales, las dudas de los límites de la realidad y de nuestras creencias. Y, sobre todo, del amor como barcaza, flor y vacío.


Ahora os dejo algunas pinceladas del poemario, el testamento poético de un gran poeta:

 

Supo

después de mucho tiempo en la espera metódica

de quien aguarda un día

el seco golpe del azar,

que sólo en su omisión o en su vacío

el último fragmento llegaría a existir.

..

..

Al norte

de la línea de sombras

donde todo hace agua,

rompientes

en que el mar océano

se engendra o se deshace

y el naufragio inminente todavía

no se ha consumado, ciegamente

te amo.

..

..

El mar, el tiempo, alrededores de lo que

no podemos medir y nos contiene.

..

..

Vuelvo ahora

desde no sé qué sombra

al día helado del otoño en esta

 ciudad no mía, pero al fin tan próxoma,

donde el sol de noviembre tiene

la última dureza

de lo que ya debiera

morir.

..

..

Tanto después envuelve ya el pasado

y tantos antes no nacidos nunca.

..

..

Solo queda la fábula.

 

Lo que se narra y al narrarse crea

la sola narración para ninguno.

..

..

Nos baja la guitarra

al fondo del adentro.

                               Fondo

en donde vibra el fondo.

 

El llanto.

              El fondo.

 

Qué solos nos quedamos frente a frente

mi tú, ni yo.

                   Qué solos.

                                      Soleá.                                                                                                                                                            


martes, 5 de octubre de 2021

Cuando la humedad nos atraviesa


Como se cumple, días arriba o días abajo, un año de la publicación de CUANDO LA HUMEDAD NOS ATRAVIESA, editado por EDICIONES EN HUIDA, quiero dejaros por aquí unos relatos y microrrelatos que aparecen en el libro porque me apetece recordar y brindar por ese tiempo y textos ya pasados:



ETERNA ALICIA


Algunos de mis compañeros del colegio, ahora que nos reencontramos después de treinta años, recuerdan a los profesores que tuvimos por su coche. Don Jesús por el Renault 5 rojo; Meli, un 205 blanco generation; Gabriel, el Corsa gsi gris. Esos fueron los profesores más populares, cada uno por un motivo. Todos tenían coche. Todos lucían con orgullo y hablaban con devoción de sus vehículos. Todos menos Alicia, que es a quien yo más recordaba. Nos impartió Ciencias Sociales durante séptimo y octavo de EGB. Aterrizó de repente, como una interina más. Era callada, distante, hermosa como suelen serlo de manera natural las mujeres del sur, con esa belleza gravitatoria y rebelde que otorga la piel tostada y la negrura del cabello. Era la profesora más joven. Era contestataria y la primera feminista confesa que conocí. Era un dolor de muelas para la mayoría del profesorado, sobre todo para el director, don Alonso, un tipo espigado, soez y repugnante que dirigía el colegio como si fuera su cortijo, algo también congénito por estos lares.

         Durante un tiempo, apostábamos por la procedencia de Alicia. La mayoría decían que Sevilla, otros Jaén, y yo era el único que defendía que era de aquí, de Córdoba, de algún barrio chungo, eso se decía por aquella época. Pero esto que os cuento no es importante, en realidad, no sé por qué os hablo de ello. Lo que quería deciros, por eso me he detenido a recordar, es que Alicia no tenía coche. Cuando entrábamos en clase, por muy temprano que fuera, ella ya se encontraba allí, preparando material y ordenando las mesas y las sillas. Al terminar el día, a veces nos quedábamos a jugar a fútbol un rato y la veíamos marcharse andando. Siempre era la última en abandonar el colegio. Nadie venía a recogerla y no utilizaba el transporte público. ¿Dónde viviría?, me lo pregunté muchísimas veces, durante casi dos años, hasta que me propuse averiguarlo.

         Un día, después de clase, decidí que era el momento: quería descubrir dónde vivía Alicia. Estaba convencido de que si la seguía me llevaría hasta Las Moreras o el Sector Sur. Es la primera vez que lo cuento. Cuando salió del colegio tiró por Sagunto, subió por Ollerías y, a la altura de la Torre Malmuerta, cruzó la acera y desanduvo el mismo camino. Mientras la seguía, me sentía entre excitado y atemorizado; algo no marchaba bien, lo que hacía no era normal, aquello no tenía sentido.

¿Dónde fue? Regresó al colegio. Una hora más tarde, cuando no había nadie, Alicia entró por detrás, por la puerta trasera del gimnasio. Penetró en el colegio y no volvió a salir. La seguí cuatro veces más y siempre hacía lo mismo. Alicia vivía en el colegio, esa era la respuesta.

Después de acabar la EGB, cada uno de mis compañeros se marchó a un instituto diferente. Cuando cursaba COU, una tarde que me detuve más de lo habitual con unos amigos, al regresar a casa para almorzar, me crucé con Alicia. Intuía hacia dónde iba. No lo pude evitar. La seguí. Y, efectivamente, dibujó el mismo trayecto de antaño, entró por la puerta trasera del gimnasio y se perdió en el colegio para no volver a salir.

Era tan extraña. Aquella mujer hermosa, que nos hablaba sin tapujos de las crueldades de la dictadura franquista, de las injusticias que las mujeres han sufrido a lo largo de la historia, del patriarcado, fue la primera vez que escuché aquella palabra; como también: neoliberalismo o ecologismo. En fin, nunca descifré la razón o lo que rodeaba a Alicia. Lo único que supe con seguridad es que Alicia vivía en el colegio, no tenía coche y no envejecía. Porque hoy, que mi hijo se sienta en la misma silla y utiliza el mismo pupitre que yo utilicé, sé, sin dudarlo, que la profesora, contestataria y hermosa como suelen serlo las mujeres del sur, que le imparte Literatura, no tiene coche y sale cada día caminando del colegio, es Alicia.



EL SUEÑO


DOS DÍAS DESPUÉS DEL CRIMEN:

No soy capaz de imaginar cómo la anciana llenó el dormitorio de arena. Un dormitorio con todos sus muebles y aquella escalofriante imagen de un espejo enterrado. Pero si insólito resulta saber cómo subió tanta arena a una segunda planta, más insólito es descubrir cómo murió su marido. Cuando despejaron la habitación, encontraron al hombre plácidamente acostado en la cama. ¿Lo hizo mientras dormía? El forense ha confirmado que no estaba bajo los efectos de ningún fármaco ni droga, simplemente dormía.

 

TRECE DÍAS MÁS TARDE:

La anciana continúa repitiendo que su marido quería ver la playa por última vez. La condena será la máxima por ensañamiento. ¿Es más ensañamiento sepultar a un tipo mientras duerme o sedarlo durante meses? Creo que la mujer solo fue la mano que dibujó el desierto soñado por el hombre. Pero eso es demasiado complicado para escribirlo en un informe.




APOLO Y DAFNE


Cuando la mujer-hormiga exhaló el último suspiro, cerca de la ribera de aquel barroso charco, el hombre-hormiga estaba a su lado. Ella se llamaba Dafne y él Apolo. Se conocieron en el Tiempo de las Naranjas. Ella lo rehuyó durante muchos veranos, pero él le regalaba gajitos de gajitos de naranjas cada tarde. Y, durante los largos inviernos, especialmente los domingos, mientras el resto de jóvenes jugaba al billar, iba al cine o pasaba las horas dando toques a un balón de papel, él le hablaba de mitología.

         Cuando llegó la sequía, cuando el Tiempo de las Naranjas fue sustituido por el Tiempo del Asfalto, con ese olor putrefacto que lo caracterizó, el hormiguero emigró. Tenían que encontrar un lugar húmedo, porque solo la humedad produce tierra fértil y con ella el Tiempo de las Naranjas o el de las Manzanas, como fue el de sus abuelos. Tenían que abandonar el que había sido su hogar. Así lo hicieron. Cruzaron desiertos y charcos inabarcables. Bosques profundos y oscuros plagados de monstruos carnívoros. Muchos perecieron. Amigos y familiares. Pero un día encontraron la humedad que traería el Tiempo de los Melocotones, una de las épocas más prósperas que recogía la antiquísima historia de aquella civilización de hormigas que dio comienzo con el Tiempo de los Cereales, en aquel basto charco llamado Éufrates.

Durante la odisea que los llevó hasta dar comienzo el Tiempo de los Melocotones, la mujer-hormiga supo, sin lugar a dudas, que amaba a aquel hombre-hormiga que no dejó nunca de hablarle de mitología. Cerca de una charca barrosa y entre la vegetación de un melocotonero, en aquel oasis, vivieron felices.

         Después de que la mujer-hormiga exhalara el último suspiro, el hombre-hormiga la enterró cerca de la humedad del charco barroso que tanta alegría les hubo regalado. No tardó mucho tiempo en brotar una hierbecilla salvaje, minúscula y débil en apariencia, pero que a la primavera siguiente lucía fuerte y ramificada. El hombre-hormiga, como un ritual, el primer día que emergía del hormiguero una vez superado el invierno, se acercaba a la plantita, le arrancaba una hoja y con ella y un hilo seco se fabricaba un collar que le duraría hasta el final del verano. Se lo colocaba y salía al campo pensando en el amor y en la felicidad que trae consigo la humedad.

         Varios veranos más tarde, cuando el hombre-hormiga murió, un joven artista, en homenaje a aquella muestra de amor eterno, esculpió una escultura del hombre-hormiga y la mujer-hormiga y la tituló Apolo y Dafne. Hoy, decenas de veranos después, miles de personas-hormigas hacen cola en el Museo de Arte Nacional para contemplar una de las obras maestras más importantes de aquella civilización tan antigua.




REENCUENTRO DE DOS VIEJOS AMIGOS


Ciervo 1:  ¿Tienes más preguntas?

Ciervo 2:  No. Ya te he bombardeado bastante, pero es que hace                           tanto  tiempo que no nos veíamos... Bueno, quizás...

Ciervo 1:  ¿Quizás...?

Ciervo 2:  La última y te dejo tranquilo un rato.

Ciervo 1:  De acuerdo.

Ciervo 2:  ¿Cuánto tiempo tardaron tus huesos en transformarse                           en  hierbas y flores?

 


 

 GEMELOS


En sexto de EGB, la profesora me culpó de haber robado el borrador de la clase y mi hermano gemelo me salvó. Para celebrar mi decimoquinto cumpleaños, robé un balón de fútbol y el guardia de seguridad me pilló, pero mi hermano me salvó. Me salvó de que me denunciaran en el bar, el restaurante chino y la bocatería de un primo de nuestro padre donde trabajábamos cuando metí la mano en la caja. Me salvó tantas veces que perdí la cuenta, le resté importancia, me habitué. Mi hermano cumple cinco años de cárcel porque intenté robar una gasolinera. Voy a visitarlo cada domingo, le llevo chocolatinas y revistas, y le doy ánimos, y le digo que todo pasará, que ya mismo estará en casa y seremos felices como antes, como siempre. Desde que el juez dictó sentencia nos condenó a ambos sin saberlo. No he podido robar nada desde entonces. Es insoportable.


 

 


miércoles, 9 de junio de 2021

Aproximación a EL JUGUETE RABIOSO, de Roberto Arlt


 

EL JUGUETE RABIOSO, publicada en 1926, fue la primera novela de Roberto Arlt. Hace tiempo que el final de una novela y la decisión que toma el protagonista no me sumían en un pensamiento tan profundo sobre las intenciones, deseos y consecuencias de lo ocurrido. Silvio Astier, el protagonista, nos cuenta, en primera persona, su infancia marginal y paupérrima, sus pinitos como delincuente juvenil y lo que hizo para sobrevivir e intentar alcanzar sus sueños, que podríamos resumir en el deseo de ganar dinero y de convertirse en alguien reconocido, extraordinario. En boca de Astier:

                

«Entonces yo soñaba con ser bandido y estrangular corregidores libidinosos; enderezaría entuertos, protegería a las viudas y me amarían singulares doncellas.»

 

        Mientras acompañamos a Silvio en sus andanzas, entre ideas, dudas, lecturas, castillos en el aire, trapicheos, desventuras y empleos miserables, poco a poco nos va envolviendo una sensación humosa de fracaso; sentimos, por lo menos eso me ha ocurrido a mí, que el aire se va enrareciendo a cada paso y decisión. Silvio, hábil inventor y lector ecléctico, autodidacta para todo, es un ejemplo más de esos que pululan en la literatura y sobre todo en la vida, y nos recuerda el estigma de nacer pobre: la injusta dificultad de prosperar y de vivir con un mínimo de bienestar. El popular y cínico cuento de la meritocracia.

        Como en anteriores Aproximaciones, la lectura de un libro me ha transportado a otras lecturas y autores, por diferentes razones que resumiré en sensaciones y ecos. Porque mientras leo siempre aparecen ecos de otros libros, películas o cuadros, y sensaciones y sombras de otros autores y autoras que se sientan a mi lado para acompañarme y explicarme cosas que desconozco. En el caso de El juguete rabioso, Silvio Astier, esta especie de antihéroe, rebelde-pícaro adolescente (con un final que intentaré no revelar), tiene el gusto de la buena novela picaresca, la novela de aprendizaje y unas briznas de aquello que más tarde se llamará: novela existencialista. Recordemos que LA NÁUSEA de Jean Paul Sartre se publicó en 1938 o EL POZO de Juan Carlos Onetti en 1939.

    Si hablamos de sensaciones, destacaría la injusticia y, especialmente, el fracaso. Y las obras que me acompañaron durante la lectura fueron LAS UVAS DE LA IRA de John Steinbeck, en la injusticia, y EL ASTILLERO y LOS ADIOSES  de Onetti, en el fracaso. Me voy a centrar en el fracaso. Aunque es la sensación dominante en ambos, el regusto es diferente. El fracaso de los personajes de Onetti es como leer un poema mientras llueve, o susurrar en plena noche, sentado en tu cama vacía, que el arte es lo único que merece la pena mientras las paredes de tu casa tiemblan y se resquebrajan por un terremoto; el fracaso de Onetti es afirmar que lo único que nos queda es contemplar estéticamente el derrumbe. También me acordé del final de MELANCOLÍA, la película de  Lars Von Trier, cuando vemos aproximarse el meteorito hacia la Tierra y sabemos que todos vamos a morir, ¿qué hacer? las dos mujeres y el niño se meten en una maltrecha cabaña infantil hecha con palos, en mitad de un prado, se sientan, se cogen las manos y esperan que impacte el meteorito. ¿Sentarnos y contemplar (estéticamente) el final? Sí, pero siendo nosotros mismos. Sin embargo, el fracaso para Silvio Astier, para Arlt, que dicho sea de paso dicen que es su novela más autobiográfica, es tomar cicuta para seguir vivo, o abandonar en una isla desierta a la última persona que ha amado para poder seguir respirando.

         Pero de todos los libros que me han acompañado mientras leía El juguete rabioso, entre todos ellos destaco el LAZARILLO DE TORMES, la primera novela de género picaresco publicada en España allá por el lejano 1554 y de autor anónimo. Las razones las sostienen sus protagonistas. Ambos personajes, Lázaro y Silvio, recorren un camino parecido a lo largo de lo que ellos mismo narran y señalan como importante, digno de recordar; aquellos sucesos que ocasionaron su transformación (lo que conocemos como novela de aprendizaje). Ese camino será un camino corrosivo, difícil, lleno de penurias, que va erosionando… ¿Qué erosionará el camino, los oficios miserables, las injusticias, las desilusiones y las derrotas? La respuesta aparecerá al final de cada novela.  

Lázaro dejó de pasar hambre, consiguió un empleo asequible y bien remunerado, el de pregonero, y un hogar, conquistando así una vida tranquila, con la que siempre había soñado. Pero, ¿qué sacrificó? Sacrificó lo que se consideraba más importante en aquella época, en aquella sociedad: la honra. Aceptó que su mujer fuera la amante, y la criada, del arcipreste de San Salvador a cambio de una vida tranquila, con las necesidades materiales cubiertas. El honor por un mínimo de bienestar.

Sin embargo, Silvio, después de innumerables penurias, consiguió ganar dinero y no pasar hambre, pero una vez alcanzada esa tranquilidad descubrimos que no es la principal causa de su angustia, de su pesar y de su ira, ¿qué busca Silvio que no buscó Lázaro? ¿Cómo es la época de Silvio que no era la de Lázaro? Para contestar y mostrar quizá la rumia de Silvio utilizaré las propias palabras de Lázaro, que aparecen en el prólogo, en un hermoso puente literario de casi quinientos años:

 

…Y a este propósito dice Tulio: “La honra cría las artes”.

         ¿Quién piensa que el soldado que es primero del escala tiene más aborrecido el vivir? No por cierto; mas el deseo de alabanza le hace ponerse al peligro.

 

Y este es el deseo primordial de Silvio: la alabanza, el reconocimiento, llegar a ser alguien admirado, porque él se siente una persona capaz, inteligente, inventa artilugios que pocos saben inventar, lee libros que pocos han leído y ha atesorado conocimientos que pocos han conseguido atesorar a su alrededor; sobre todo aquellos que ostentan cierto poder y privilegios. Aun así no consigue prosperar y vivir de su talento, y mucho menos ser admirado, todo lo contrario. ¿Qué sacrificará Silvio para conseguirlo? Una respuesta que no responderé, tendréis que leer la novela.

Para concluir los ecos entre ambos protagonistas y novelas, una última relación. Ambas novelas se edifican sobre la crítica hacia la clase dominante de cada época, en el caso del Lazarillo de Tormes contra la sociedad cortesana, y en El juguete rabioso, la sociedad burguesa a principios del siglo XX. También, ambos protagonistas se apoyan en el cinismo como si fuera un bastón, el único, donde sostenerse para seguir viviendo.

 

        Otro aspecto que deseo mencionar, ya no de la novela en sí, sino de la edición que he leído, es el prólogo de Onetti. Porque como siempre hizo el maestro uruguayo, no escribe lo que se supone se debe escribir en estos casos, uno de esos prólogos que ensalzan en extremo las virtudes del prologado y su obra, intentando enmascarar u omitir los defectos, tendiendo más a un panfleto publicitario pagado previamente, que a un texto literario sobre una obra y su autor; una visión  y un territorio que ayuden al lector a profundizar y saborear de verdad el libro y al escritor. Y Onetti no decepciona —curiosa palabra—, nos regala un prólogo donde nos muestra a Roberto Arlt —incluyendo por ejemplo experiencias personales, como la primera vez que conoció a Arlt en el despacho que tenía en el periódico El Mundo, donde publicaba sus famosísimos Aguafuertes porteñas, y donde leyó la primera novela de Onetti, Tiempo de abrazar, que por cierto le gustó y Onetti (que tenía 24 años) no publicaría hasta casi cuarenta años más tarde— como un retrato expresionista muy personal, pintado a pinceladas gruesas y rápidas de colores vibrantes y contrapuestos, que salen desde lo más profundo.

      Os dejo un enlace que he encontrado, el primero que ha aparecido, ni conozco la web ni a sus creadores, para que leáis tranquilamente este magnífico prólogo: 

https://verseando.com/blog/juan-carlos-onetti-prologo-a-%C2%B7el-juguete-rabioso%C2%B7-de-roberto-arlt/

         Destacaré dos cuestiones que están relacionadas, la primera: el director de El Mundo, Muzzio Sáenz Peña, era a quien Roberto Arlt le entregaba sus manuscritos para que le corrigiera los errores ortográficos. Sí, sus errores ortográficos. Más adelante, Onetti, en una página para lo que para mí ejemplifica una auténtica aproximación literaria, contrapone las deficiencias que argumentan los críticos (y también él) atesora la literatura de Arlt, con una certeza que Onetti llama intuición literaria, para defender (y gritar, siento yo) que si alguien pudo alcanzar la genialidad literaria en Argentina, ese fue Roberto Arlt, porque por encima de todo lo criticable, que lo había, Arlt era un gran artista.

         Os dejo las fotos de esa parte del prólogo porque me parecen preciosas, con ese color amarillento que otorga el paso del tiempo.




        Antes de las Pinceladas, me gustaría señalar varias escenas que me han parecido memorables. Y memorables por la resonancia en la memoria, la mía y en la que creo es mi época. Una de ellas, aquella en la que Silvio y dos amigos, Lucio y Enrique, en el primer capítulo de la novela, deciden robar la biblioteca de un colegio. Sí, han oído bien, deciden robar una BIBLIOTECA. ¿Qué clase de delincuentes juveniles son esos que roban libros? De aquellos inolvidables, claro. Os dejo la parte en la que Silvio y Enrique, gran lector y romántico, seleccionan los libros que merece la pena robar (y leer):


    Las peripecias juveniles junto a su amigo Enrique me recuerdan, con ese toque lumpen, de referencias librescas, de sueños adolescentes, aventuras y cierto aroma a libertad romántica, a Arturo Belano y Ulises Lima, los protagonistas de LOS DETECTIVES SALVAJES de Roberto Bolaño.

     La otra escena memorable, recuerden la fecha de publicación, 1926, es aquella en la que Arlt muestra el conflicto de una persona transgénero. Un personaje que mantiene con el protagonista uno de los mejores diálogos de la novela. Puedes sentir el dolor y el sufrimiento como en una especie de grito colectivo que pide justicia y comprensión:



        Últimas pinceladas:

 

"—¿Qué harías vos ante el Juez del Crimen?

—Yo —respondía Enrique— le hablaría de Darwin y de Le Dantec (Enrique era ateo).

—¿Y vos, Silvio?

—Negar siempre, aunque me cortaran el pescuezo".

 

"—Pero ¿dónde diablos ha estudiado usted esas cosas?

 —En todas partes, señor..."



"No era difícil. Obedeciendo a las voces de mando dejaba en mí la indiferente extensión de la llanura. Esto hipnotizaba el organismo, dejando independientes los trabajos de la pena".

 

 

“A mis oídos llegan voces distantes, resplandores pirotécnicos, pero yo estoy aquí, solo, agarrado por mi tierra de miseria como con nueve pernos”.

 


viernes, 7 de mayo de 2021

Aproximación a LA VEGETARIANA, de Han Kang


"Hacer preguntas, eso es para mí escribir. No escribo respuestas, simplemente me afano por redondear las preguntas, trato de permanecer mucho tiempo dentro de ellas", de esta manera expresa Han Kang su visión del acto de escribir, de crear. 

Hoy me aproximaré a la novela LA VEGETARIANA, la primera novela que he leído de la autora surcoreana, y, os aseguro, no será la última. Estoy deseando conseguir BLANCO y ACTOS HUMANOS. Antes de adentrarnos en esta novela perturbadora, lúcida, incómoda y acogedora, bella y horripilante, sensual y árida, extraña y verdadera como considero es ese amplio y fértil horizonte llamado literatura kafkiana, os diré que no solo es un descubrimiento Han Kang, sino también la Editorial Rata. La ratificación de que Rata es una gran editorial, una de esas editoriales que podría coger un libro al azar y asegurarme una buena lectura.

Hace tiempo, un amigo me recomendó la LA INOCENCIA, de Felipe Polleri. No conocía al autor ni a la editorial, solo a mi amigo y el conocimiento que él tenía de mis gustos literarios. Acertó, vaya si acertó. Polleri es un gran escritor y Rata una editorial exquisita. Por aquella época estaba leyendo a Mario Levrero (LA CIUDAD, PARÍS y EL LUGAR), también uruguayo como Polleri, como uruguayo lo es mi admirado Onetti, y la combinación fue muy estimulante. Después descubrí que ambos pertenecían a un grupo de escritores —ya conocéis esa predilección por aglutinar, englobar y definir gustos y literaturas— llamados “los raros”. Y me pareció muy hermoso que prácticamente los dos únicos requisitos para pertenecer a ese grupo fuera ser uruguayo y escribir obras inclasificables; obras con cierto toque surrealista, es decir, fueras un escritor raro.

Los raros, lo raro, lo extraño, de ahí que Levrero, Polleri y Kang compartan algo que a mí me interesa como escritor y, espero haber logrado en alguno de mis textos, sintetizó magistralmente Juan Ramón Jiménez en el aforismo: Intuición rara y palabra corriente: la mayor belleza.

       La vegetariana trata de una mujer, ama de casa, arquetipo de lo que parece una mujer tradicional, que decide un buen día hacerse vegetariana. Y desde esta premisa Han Kang desarrolla su particular manera de ver y experimentar la escritura: comienza a lanzarnos preguntas sin piedad: ¿Por qué?, ¿qué ocurrirá?, ¿qué originó tal decisión a esas alturas de su vida?

        El narrador del primer capítulo es el marido de la mujer; aunque sería mejor decir relato, porque en realidad la novela la componen tres relatos relacionados entre sí, como explica Kang en una entrevista. Conforme acompañamos la sorpresa, juicios, dudas y creencias del marido —escrito en primera persona— nos siguen asaltando más preguntas: ¿qué ocurrirá con él y con ella?, ¿y con el matrimonio?, ¿y con la convivencia?, ¿por qué se queda casi desnuda frente al frigorífico abierto? (una imagen bella y perturbadora). La narración avanza —tranquilos, no seguiré desvelando más sucesos de la trama— y aparece la familia: padre, madre, hermano, hermana, cuñado, cuñada y, de nuevo, más preguntas: ¿qué pensarán?, ¿cómo actuarán?, ¿qué hará la protagonista: seguirá, se rendirá, combinará la decisión de alguna manera para contentar a todo el mundo?  Pero la protagonista, Yeonghye, irá viviendo, existiendo, creando otra realidad, otras preguntas que nos situarán, a nosotros, frente a un abismo. Como busca Kang en su proceso creativo: quiere permanecer —y que permanezcamos como lectores— mucho tiempo dentro de esas preguntas, y lo consigue.

      Los narradores son el marido, aunque la voz de la protagonista también aparecerá en el primer capítulo brevemente; el cuñado y la hermana de Yeonghye, escritos en tercera persona. Un multiperspectivismo particular, con una distancia narrativa diferente, ya que utilizará la primera persona (marido y Yeonghye) y el omnisciente limitado (cuñado y hermana), que usará Hang para mostrarnos el interior de cada uno e introducir otras preguntas y temas: el patriarcado reinante y rancio, la imposibilidad o dificultad de decidir incluso sobre tu propio cuerpo, las relaciones sociales, la pulsión de la sociedad, la familia y el matrimonio como retención, inmovilidad y generadores de violencia; el sexo, el amor, la belleza o el arte, y sobre todo la gran pregunta ¿qué ocurrirá con todos y con todo? ¿Hacia dónde se dirige Yeonghye?

¿Cómo nos comportamos con las decisiones de los demás?

¿Qué es la violencia y cuáles las formas que adopta?

 

Os dejo algunas pinceladas:

 

“Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez. No era ni muy alta ni muy baja, llevaba una melena ni larga ni corta, tenía la piel seca y amarillenta, sus ojos eran pequeños, los pómulos algo prominentes, y vestía ropas sin color como si tuviera miedo de verse demasiado personal. Calzada con unos zapatos negros muy sencillos, se acercó a la mesa en la que yo estaba sentado con pasos que no eran ni rápidos ni lentos, ni enérgicos ni débiles”.

.

“…fue natural que eligiera casarme con ella, que tenía el aspecto de ser la mujer más corriente del mundo."

.

“No es la primera vez que sueño eso. Lo he soñado infinidad de veces. Como cuando uno está ebrio y se acuerda de todas las veces que lo estuvo anteriormente, en mis sueños yo recuerdo todos mis sueños anteriores. Las innumerables veces que alguien mató a alguien. Es barroso, confuso… pero lo recuerdo todo con una sensación palpable de escalofriante realidad”.

.

“Solo confío en mis pechos. Me gustan mis pechos, pues con ellos no puedo matar a nadie”.

.

“¿Qué es lo que cortaré con mi cuerpo que me estoy poniendo tan afilada?”

.

“Nunca había visto un ser que fuera capaz de decir tantas cosas con solo su figura”.

.

“Me puse cabeza abajo y entonces me empezaron a nacer hojas en el cuerpo y también me salieron raíces de las manos… Las raíces se fueron metiendo bajo la tierra… más y más… Y como estaba a punto de nacerme una flor en el pubis, abrí las piernas… Las abrí bien…”

 

 


sábado, 27 de marzo de 2021

Hoy, en el Día Mundial del Teatro, estaremos en la jam session de Actúa Córdoba leyendo poemas, microrrelatos y creando cultura desde Córdoba con amigxs y compañerxs. Os dejo un poema que leeré en un rato y pertenece al poemario "La ideología de los puentes".



HOJA PENSADA

 

Ya te he pensado,

pero pensarte no es nada.

Ahora toca lanzarte al aire,

mirarte desde lejos,

mojarte, esconderte detrás de los armarios.

Ahora toca ser malabarista, cirujano.

Conocer tu peso, escuchar tu voz sobre la mesa.

Ahora toca situarte en el lugar exacto.

No me gustan las repisas, los edificios altos,

las plazas con esculturas ecuestres cagadas por las palomas.

No me gustan los atriles, ni los recitales en iglesias o ayuntamientos.

No quiero situarte ahí.

Pero ¿dónde crecerás mejor? ¿Dónde tus raíces una vez enterradas

sentirán que era su lugar en el mundo? Dímelo, por favor,

tú pensada y escondida.

Enséñame los golpes y las pausas con las que soñé anoche.

Recuérdame la canción que tarareabas a esa hora de ventanas abiertas.

Te llevo pensando desde que descubrí el fuego,

cincelándote sobre los pupitres carcomidos.

Estabas pensada, pero eso, como sabes, no importa.

Ahora toca

Si—tu—arte.

Entre golpes y pausas.                                  

Ser piel y hueso.

Ser minutero y río.

Ser piedra, barro, arena, tinta…

Ser puente por un lado

y por el otro.


jueves, 28 de enero de 2021

Aproximación a EL AÑO DEL CANGREJO, de Mariano Peyrou

 

Asistimos a EL AÑO DEL CANGREJO, poemario de Mariano Peyrou, publicado por Pre-textos, como a una de obra teatro del absurdo, surrealista, donde el sujeto poético presenta y muestra a los personajes por medio de una visión onírica y extraña.

    Estos personajes (Ella, Inés, el telegráfono, las chicas, los chicos, los niños, el cangrejo...) aparecen en la obra como un recipiente, en apariencia un símbolo, pero página a página el "yo poético" los va caracterizando entre lo concreto y el ensueño, entre el sentido y el sin sentido.

    Con una sintaxis y un lenguaje sencillo, pero afilado y que trasciende, el autor nos muestra su obra, su representación, un baile pictórico donde se adentra en la enfermedad, la muerte, el miedo, el amor, la soledad, la incomprensión y la imaginación.

    Algunas pinceladas del libro:           


"El año del cangrejo nos acostumbramos a caminar de lado 

para no despertar a nadie."


"La casa empezó a llenarse de limones que los niños traían 

       del huerto. Una montaña de limones como símbolos 

       de lo que no se sabe."


"El telegráfono merodeaba cerca de las costa, luchaba con

       las algas gigantes o huía de ellas."


"Inés era un mar y no lo sabía."

 

"El sonido del mar nos acompañaba toda la noche. 

La forma del cangrejo nos acompañaba desde las playas 

       hasta los pinares.

La idea de la desaparición nos acompañaba desde las 

       piedras hasta los dibujos.

Ella me había acompañado toda la vida.

Inés estaba sola."



     El AÑO DEL CANGREJO pertenece a esa clase de poesía que tanto admiro: la que dice/muestra todo pero parece que no dice/muestra nada.